Mimizan

¡Maldito idiota! Se decía, mientras recordaba esos pequeños labios que rara vez veía moverse, que siempre estaban juntos, como abrazándose pero había algo que la hundía mas en aquellos labios, la sonrisa que emitían, una sonrisa contagiosa y pequeña, casi invisible a los ojos del poco observador ¡Maldito idiota! Pensó nadie nunca.

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