Discapacidad

Las agujas rompían una y otra vez su piel. Mientras se encontraba acostado en la cama de un hospital se dio cuenta que estar bien o mal ya no importaba. El corazón dolía pero esta vez era físico ¿acaso era peor?.
No dormía, no comía y al regresar a casa continúo la rutina, bebió un té que pensaba lo ayudaba a dormir, no era cierto. Hacía un par de meses que no tenía medicamento. La cabeza le dolía tanto, llevaba el brazo lleno de pequeños puntos rojos. Se vio en el espejo y le pareció que nunca había visto cuadro más deprimente.
Se recostó la cama sin destenderla y las lagrimas comenzaron a caer. Se sentía la persona mas patética del mundo. No era viejo sin embargo su cuerpo fallaba como si lo fuera, aún temblaba como un perro porque lo aterraban tanto las agujas.
Sonó el teléfono, el mundo exterior se preocupaba y respetaba la incapacidad de su corazón para realizar su trabajo; colgó llorando de rabia, ¿por que no mejor respetaban su incapacidad para desprenderse de la causa de sus males?
Quiso enviar un par de mensajes, quiso escribir en un papel y no puedo, arrojó todo bajo la cama sabía bien que esa y muchas otras noches aún faltaban.

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