El juicio
Me encuentro en un juicio constante, eterno. Sobre mi todas las miradas y los dedos apuntándome, una acusación tras otras y mientras mas ciertas son, mas duelen. Me hundo en la desesperación al reconocer entre todas las manos que me señalan algunas que siempre se habían extendido para levantarme, manos que han secado mis lagrimas y manos que han tomado las mías.
Subo a la tribuna y pido perdón y comprensión a gritos, pido que me perdonen por el amor que me tienen pero no puedo ver sus ojos a través de todas las manos levantadas. Me levanto y entre sollozos les intento explicar pero no hay respuesta. Me como todas las uñas y me vuelvo a sentar, es claro que soy culpable y mi defensa intermitente no está.
Se cierra la sesión y culpable soy. Camino sola a cumplir mi condena y no hay nadie que pueda brindarme un abrazo antes de partir porque todos los que podrían haberlo hecho están señalándome, agachan la mirada porque tampoco parecen ser felices con éste final pero no están dispuestos a estar más de mi lado.
Y acá estoy ahora, empezando de cero, sola, como nunca había comenzado en mi vida.
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