El país en el que vivo

Hoy vivo en un país roto, habito en un lugar en el que sus habitantes al igual que su país, están rotos. Lo peor de todo es que están rotos e incompletos, les hacen falta piezas para ser.  A la madre rota le hace falta un hijo, al hijo roto le hace falta un padre... y a esta tierra le hacen falta sus habitantes completos, sus hijos. 

Yo no pedí nacer en esta tierra, yo no pedí esta madre, yo no pedí vivir en medio de todo este odio, en realidad yo no pedí nada de lo que tengo, pero lo amo absolutamente todo. Yo no vivo en pobreza y tengo una cama donde dormir, tengo comida a la mesa todos los días y muchas cosas con las cuales entretenerme, tengo educación y una familia a la que no le ha sido arrebatado ninguno de sus integrantes. A mi no me hace falta ninguna pieza, pero ¿quien puede ver llorar a su madre sin sentir impotencia y una inmensa tristeza? ¿Quién puede ser indiferente ante el llanto de un niño que ha quedado sin padres? 

Hoy la gente de mi país se está levantando, hoy mis amigos, mis padres, mis hermanos y yo estamos abrazando a la tierra en la que nacimos y exigiendo que se le devuelvan todos sus hijos desaparecidos, estamos tomando de la mano al niño huérfano y luchamos por que se le devuelvan sus padres, hoy he vuelto a confiar en la gente con la que cohabito, suena romántico, suena idealista, suena irreal pero hoy nos convertimos en la madre que perdió a su hijo, nos convertimos en el hijo sin padre, hoy nos pusimos en los zapatos del otro y dimos un paso adelante. Hoy nos dimos cuenta que esta tierra es de todos, hoy rompimos mapas y fronteras, hoy somos una sola tierra y un solo sentimiento. 

No quiero mas desaparecidos, no quiero mas muertos, no quiero mas gente con hambre, sin educación y sobre todo, no quiero más personas que no sientan el cobijo de su madre biológica, de su madre patria porque son ellos quienes arrebatan hijos a madres, padres a hijos, piezas y piezas a este país. 

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