Quinta María

Siempre que veo una casa vieja y abandonada pienso en Julio, al pasar frente a la Quinta María en la calle de Ayuntamiento pensaba en él y me preguntaba qué habría pasado con Irene y su hermano, me preguntaba como alguien podía abandonar una casa con todo adentro, muebles, dinero, recuerdos... 
La Quinta María me recuerda tanto a la historia de Julio que cuando me asomo por los barrotes casi siento ver a Irene en el patio central, tejiendo. 
No sé cuantas veces he pasado por enfrente de esa casa ni cuantas veces me detuve a verla para no poder imaginar por qué alguien habría de abandonar una casa así. 

No conté las veces y hoy lo entendí, y es que cuando el monstruo llega a casa es momento de abandonar, cuando te arrincona en tu habitación, se asoma por tus ventanas, cuando ya no eres libre de dar un paso porque a donde quiera que lo des él aparecerá. Ya no hay derecho a nada, no hay a donde voltear para respirar aire fresco, no hay donde pisar que sea seguro, el monstruo se ha adueñado de todo en la casa, de todas las vidas, de todas las habitaciones, de todos los abrazos... entonces hay que correr, hay que abandonar sin llevar nada, porque el monstruo cabe en toda la casa pero también puede caber en los bolsillos de algún pantalón o colgado de las manecillas del reloj de mano. 



Comentarios

Entradas populares