El Diagnóstico
El Dr. Vázquez me ve y me explica que estoy muerta, que me maté hace ya un par de décadas y que el problema es que seguí mi vida sin darme cuenta que el corazón ya no latía. Sé que no me miente porque en el hospital nunca me pueden tomar la presión y cuando hay que inyectarme parece que carezco de venas.
Mi aparente muerte, además de explicar los malos momentos en el hospital, explica también muchas otras enfermedades que con el paso de los años me han ido diagnosticando y mi falta de reacciones ante muchas situaciones.
El doctor me explicó que estaba lejos de ser un zombie porque ellos suelen no pensar, le pregunté entonces si era un fantasma y me dijo que no porque ellos carecían de cuerpo y yo aún lo tenía, que tampoco era una momia porque conservaba mis órganos internos y mi piel, aunque muy delgada aún conservaba humedad, concluyó entonces que era una especie de vampiro pero sin la necesidad de alimentarme de los demás. Dijo que llegó a esta conclusión después de analizar mi comportamiento que está lejos de ser el de alguien que lleva pocos años en la edad adulta y es mas bien el de alguien que lleva décadas refunfuñando como un buen abuelo, ademas de mis problemas con la luz solar y la inclinación por los colores oscuros a la hora de vestir.
Debo confesar que me sentí un poco decepcionada de mi misma, de nuevo, porque hubiera preferido ser un fantasma, me sentía mas identificada con el fantasma de Canterville...
Mi aparente muerte, además de explicar los malos momentos en el hospital, explica también muchas otras enfermedades que con el paso de los años me han ido diagnosticando y mi falta de reacciones ante muchas situaciones.
El doctor me explicó que estaba lejos de ser un zombie porque ellos suelen no pensar, le pregunté entonces si era un fantasma y me dijo que no porque ellos carecían de cuerpo y yo aún lo tenía, que tampoco era una momia porque conservaba mis órganos internos y mi piel, aunque muy delgada aún conservaba humedad, concluyó entonces que era una especie de vampiro pero sin la necesidad de alimentarme de los demás. Dijo que llegó a esta conclusión después de analizar mi comportamiento que está lejos de ser el de alguien que lleva pocos años en la edad adulta y es mas bien el de alguien que lleva décadas refunfuñando como un buen abuelo, ademas de mis problemas con la luz solar y la inclinación por los colores oscuros a la hora de vestir.
Debo confesar que me sentí un poco decepcionada de mi misma, de nuevo, porque hubiera preferido ser un fantasma, me sentía mas identificada con el fantasma de Canterville...
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