Llegué al punto de ver tu rostro en todas partes, cuidaba cada lugar al que iba por miedo de encontrarte ahí. Mis piernas y brazos temblaban al verte así fuera unos segundos. Llegué al punto de no querer escuchar una sola palabra de quienes me rodeaban, por temor a que mencionaran tu nombre o dijeran algo que tú solías decirme. No quería escuchar la risa de nadie porque todas me molestaban, no había risa como la tuya. Llegue al punto de dejar de beber agua, quería secarme, tal vez así dejaría de llorarle a tu ausencia. Llegué al punto de buscar los sabores y olores mas dulces tratando de igualar el sabor de tu boca y el olor de tu cabello. Te apoderaste de mis sentidos. Hiciste tuyo mi mundo. Como hubiera querido decirte todo esto, pero soy cobarde y no lo hice. Rompí mis manos y mis ojos con la desesperación de no volver a verte ni tocarte.
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