Viajando con él.

Un día de pronto me encontraba viajando en carretera. Huyendo de los recuerdos que inundaban la ciudad. Había ya huido una vez, cuando comenzaron, pero aquella vez los recuerdos viajaron a mi mismo destino. En aquella ocasión tenia miedo de caminar sobre cualquier calle por temor a encontrarlos de frente y tener que huir de nuevo. 
   Esta vez mi destino era nuevo, aún no se encontraba contagiado de nada mío. Podía sentir el viento cambiar, el color de la tierra, pero yo no cambié. Pude sentir como mi cabeza se inundaba de todos los recuerdos que creí haber abandonado. 
Fue entonces cuando me reí de mi. No había abandonado absolutamente nada, los recuerdos viajaban en mi bolsa de mano y yo los había empacado. No podía dejar algo que en realidad amo. Justo ahora no parecen hacerme bien pero no quiero dejarlos, porque son buenos recuerdos. Porque cuando me sacan lagrimas es porque extraño esos momentos, no porque sean malos. 
   Uno no puede ir por ahí botando recuerdos buenos sólo porque los extrañamos y en ocasiones nos sacan una lagrima. No se puede ir por la vida creyendo que todo aquello que nos haga llorar es malo. No se puede vivir siendo siempre egoísta y pensando sólo en nuestro bien hay ocasiones en que por mas egoísta que se sea hay algo en lo que no podemos y ahí, ahí esta nuestro recuerdo empacado. 

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