Teléfono

Anoche sonó el teléfono, escuché toda la conversación. La madrugada se había comido todo el ruido y sólo se escuchaba su voz en este sitio que quedó sin muebles. Le platicó como estuvo el verano pasado, cuando la palabra nosotros había desaparecido de su vocabulario. Él le contó de sus viajes por este lugar. Ella le contó como las cosas se rompieron y nada quedó en pie después de que él se marchara, de lo doloroso que fue perderlo entre las distancias y de como acabó en la cama de un hospital. Le mencionó el frío que hacía últimamente acá y que ese hecho le hacía sentirse muy sola.
Aún cuando yo estaba debajo de las cobijas podía escuchar los pequeños sorbos que le daba al café y esa respiración que se tiene sólo cuando se llora.
Guardó silencio un par de minutos, respiró profundo y le contó que una vez se le pasó por la mente odiarlo, que un día casi lo borra del recuerdo y que quiso olvidarse de su cara, terminó la frase y comenzó a reír diciéndole que no lo había logrado.
Pocos minutos después se escuchó el sonido del teléfono al colgar, el último sorbo de café y unas pisadas acercándose, cerré los ojos. Sé muy bien que por mas que hayan hablado, aún se guardan secretos, no le dijo, por ejemplo, que ella ya no estaba sufriendo todas sus muertes, si no a todas sus despedidas.


Febrero, 2014

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