Noche #110
Doy un suspiro mientras me siento en la orilla de la cama ya con la pijama puesta y el cabello enredado en un intento de trenza que nunca termina de salir. Voy decidiendo que ya debo acostarme y que debo empezar a hacer el esfuerzo de cada noche en los últimos meses, el esfuerzo de dormir; no tomo la decisión por sueño ni cansancio si no por la hora del reloj, pronto serán las cinco de la mañana y no quiero parecer una persona desequilibrada que no logra hacerse dormir.
Pasan los minutos y ninguna posición me acomoda o a esa conclusión he llegado después de tantas noches que he optado por permanecer en la misma posición toda la noche para lograr que mi cuerpo se canse tanto que se quede dormido, no lo he logrado. Me voy desesperando y preocupando al pensar que el sueño me ha olvidado, que nunca mas volveré a tener una noche de sueño en paz.
No puedo mas con la espera y he vuelto a levantarme de la cama para escribir esto, busco la pluma y algún pedazo de papel, tardo en desocupar la mesita y el banco para aunque sea ahí estar cómoda. Voy escribiendo, de pronto rápido y de pronto lento, lleno una cara del papel, la otra y busco una hoja mas, relleno los huequitos de las esquinas con la fecha, con frases de libros o canciones en las que pienso al mismo tiempo que escribo, de citas que podré usar mas adelante, de pequeños dibujos y algunas veces de correcciones a la redacción.
Ha pasado una hora ya y varias hojas están sobre la mesa y un par mas en el suelo, llenas por ambos lados, incluso una tiene una mancha de tinta porque la pluma decidió descomponerse a la mitad de una palabra que hablaba de odio, y es que cualquiera se rompe con una palabra de odio. Junto las hojas para ponerlas donde las demás que he escrito en noches anteriores y tiemblan las manos porque entre los espacios llenos y los vacíos se va descubriendo algo, me van temblando cada vez mas las manos.
Tiemblan las manos con mas fuerza pero esta vez es por arrugar todos los papeles a la vez, tiemblan porque les falta fuerza para arrugar tantas hojas al mismo tiempo y fuerza para entregártelas porque otra vez pasó, otra vez volví a escribir para ti.
Después de tantas veces que he roto y arrugado cartas para ti ya debería de tener mas fuerza en las manos o al menos un poquito de valor para dártelas, probablemente sería mas fácil que adquiriera fuerza para arrugar las cartas antes de adquirirla para entregártelas. Temo que el correo llegue en un momento inadecuado, como suelo hacerlo yo, que sea incómodo o simplemente sea rechazado y botado a la basura sin ser leído.
Estoy pasando una noche mas escribiendo sobre lo que compartimos, lo que no y lo que me gustaría, lo que pienso de ti, que son muchas cosas, lo que siento por ti y sobre las sonrisas que provocas sin darte cuenta, estoy pasando una noche mas sin dormir por no saber si enviar la carta o volverla a arrugar.
Pasan los minutos y ninguna posición me acomoda o a esa conclusión he llegado después de tantas noches que he optado por permanecer en la misma posición toda la noche para lograr que mi cuerpo se canse tanto que se quede dormido, no lo he logrado. Me voy desesperando y preocupando al pensar que el sueño me ha olvidado, que nunca mas volveré a tener una noche de sueño en paz.
No puedo mas con la espera y he vuelto a levantarme de la cama para escribir esto, busco la pluma y algún pedazo de papel, tardo en desocupar la mesita y el banco para aunque sea ahí estar cómoda. Voy escribiendo, de pronto rápido y de pronto lento, lleno una cara del papel, la otra y busco una hoja mas, relleno los huequitos de las esquinas con la fecha, con frases de libros o canciones en las que pienso al mismo tiempo que escribo, de citas que podré usar mas adelante, de pequeños dibujos y algunas veces de correcciones a la redacción.
Ha pasado una hora ya y varias hojas están sobre la mesa y un par mas en el suelo, llenas por ambos lados, incluso una tiene una mancha de tinta porque la pluma decidió descomponerse a la mitad de una palabra que hablaba de odio, y es que cualquiera se rompe con una palabra de odio. Junto las hojas para ponerlas donde las demás que he escrito en noches anteriores y tiemblan las manos porque entre los espacios llenos y los vacíos se va descubriendo algo, me van temblando cada vez mas las manos.
Tiemblan las manos con mas fuerza pero esta vez es por arrugar todos los papeles a la vez, tiemblan porque les falta fuerza para arrugar tantas hojas al mismo tiempo y fuerza para entregártelas porque otra vez pasó, otra vez volví a escribir para ti.
Después de tantas veces que he roto y arrugado cartas para ti ya debería de tener mas fuerza en las manos o al menos un poquito de valor para dártelas, probablemente sería mas fácil que adquiriera fuerza para arrugar las cartas antes de adquirirla para entregártelas. Temo que el correo llegue en un momento inadecuado, como suelo hacerlo yo, que sea incómodo o simplemente sea rechazado y botado a la basura sin ser leído.
Estoy pasando una noche mas escribiendo sobre lo que compartimos, lo que no y lo que me gustaría, lo que pienso de ti, que son muchas cosas, lo que siento por ti y sobre las sonrisas que provocas sin darte cuenta, estoy pasando una noche mas sin dormir por no saber si enviar la carta o volverla a arrugar.
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