Continuidad de la oscuridad

Recordé los días en que se nos iba la luz en casa y la oscuridad nos hacía emigrar a tu habitación esperando a que anocheciera viendo por la ventana. Muchas veces tú, acostado en la cama y yo en tus piernas, mientras me contabas historias falsas pero que yo te creía hasta la ultima palabra. 
La ventana se iba llenando de gotitas que al unirse con otras bajaban corriendo por el cristal hasta el piso, donde se unían al charco gigante, contaba, una, dos, tres... y no podía contar más  porque ya había empañado el vidrio con mi respiración. Borraba lo empañado una y otra vez  hasta que al charco se lo comía la oscuridad, era entonces cuando regresaba la mirada a la habitación y con miedo descubría que la oscuridad también se había comido tu figura y tu voz venía de algún lugar en la habitación. Si pudiera explicar el terror que sentía de no poder verte. Intentando hablarte lo mas normal posible, sin que te dieras cuenta que estaba a punto de llorar, te llamaba y te pedía que aparecieras, entonces ocurría lo que esperaba con ansias, abrías tu encendedor y las cosas se volvían a iluminar, volvías a aparecer dentro de la oscuridad y me rescatabas de aquel miedo que sentía me asfixiaba prendiendo las velas que siempre estaban sobre la mesita al lado de tu cama. 
Nunca más he vuelto a tener ese alivio que sentía cuando el encendedor se prendía y podía volver a verte en la oscuridad.
El encendedor no se ha prendido, la voz no se ha escuchado y la oscuridad ha continuado. 

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