Uno, dos...
Cuento, uno, dos... y no puedo creer que han pasado ya setecientos treinta días si es que no me fallan los números o la memoria, porque creo que el año bisiesto es el próximo. En cualquier caso podría fallarme todo menos la memoria porque aún siento tener el sabor del pastel de chocolate que comía mientras tú hablabas aquel día, aún siento en la nariz el olor de tu cigarro y se esconde en mis oídos el ruido de tu risa que solía ser muy contagiosa.
Lo recuerdo todo y sin embargo había quedado enterrado bajo un montón de nuevos recuerdos, el sabor del pastel había desaparecido a sorbos de café, el ruido de tu risa se escondió en lo mas profundo de mis oídos para darle el paso a nuevas risas que me contagiaron también, lo único que parecía sobrevivir era el olor del cigarro, pero esta vez es mío.
No había caído en la cuenta de que día era ayer, hasta que alguien me recordó tu existencia, me recordó tu propuesta y entonces los mensajes de hace unos días a media noche cobraron sentido. Vinieron a mi mente los miles de mensajes, llamadas y las noches en que uno al otro tratábamos de convencernos que las desiciones que tomábamos eran las mejores para que al otro día uno de los dos se arrepintiera y se repitiera el círculo.
Cuento, uno, dos... y son los pasos que doy adelante porque al parecer y pese a todo pronostico hace días que te he soltado y no me había dado cuenta.
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