Corazón

Aún no cumplía los seis años en el mes que dejábamos la casa de Aguascalientes. Una casa grande, rosa, con el huerto mas grande de la cuadra, llena de naranjas, higos, limones, guayabas, orugas, arañas, tierra y recuerdos que hoy ya son muy borrosos. 
Nos ibamos de la casa y yo lloraba porque no quería marcharme, algo me decía que la extrañaría, que jamás volvería. 

Lloraba pequeñas cascadas que escurrían sobre mi joven piel y caían sobre la tierra debajo de la higuera, hasta que llegó la abuela y me abrazó como solo las abuelas saben. Me abrazó y me contó la historia de un hombre que dijo haber conocido. Me contó que el corazón es una bolsita llena de agua que tiene dos mangueras pequeñitas pequeñitas que van hasta nuestros ojos, y que si llorábamos mucho nuestro corazón se iba secando poco a poco hasta que se nos acababan las lagrimas y se nos marchitaba el corazón como una flor sin agua. Me contó que aquel hombre tuvo una tristeza muy grande, y lloró y lloró hasta que no tuvo mas lagrimas y murió porque se le secó el corazón. Le creí, tuve miedo y dejé de llorar. 

Pasaron los años, crecí, fui a la escuela, leí muchos libros. Me di cuenta que la abuela había mentido porque he llorado días enteros, noches, he llorado a todo lo que se me ha cruzado y el corazón no se ha secado. Se cansa, flaquea, de vez en cuando se niega a funcionar correctamente pero sigue al igual que de las mangueras pequeñitas sigue saliendo agua. 

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