La tercera
Dormía y despertaba por lapsos de tiempo, que solo dios sabe cuanto duraban porque en la oscuridad uno no puede ver las manecillas del reloj y tampoco escucharlas porque mi reloj es muy pequeño y me parece que no hace el ruido suficiente para que yo, mitad sorda y mitad distraída, pueda escucharlo.
Despertaba y lo primero que hacía era suspirar y sentir el hueco en el estomago, que cada día se hace mas grande. Creo que algún día será tan grande que me partiré a la mitad y andarán por un lado de la ciudad mis piernas y por el otro mi torso intentando encontrarse.
Ayer fue el segundo viernes de septiembre. Hay que hacer memoria para recordar que desde que tengo memoria no recuerdo un buen septiembre, que en este mes es mi cumpleaños y que desde hace mas de un lustro no tengo un cumpleaños feliz, sin contar que los dos últimos he tenido que asistir a funerales.
Septiembre siempre empieza triste y conforme avanza van llegando malas noticias para terminar mas triste aún. Este viernes no fue la excepción, recibí la mala noticia que sabía llegaría pero inocentemente no la esperaba. Todo lo que ha podido salir mal en los últimos meses ha pasado.
Estaba entonces en la cama, dando vueltas, intentando escuchar las manecillas del reloj, suspirando y aguantando las ganas de soltarme a llorar, otra vez, como siempre.
Comencé a pensar en los errores que había cometido en el ultimo mes, en el ultimo año y termine haciendo un recuento de los errores de toda una vida.
Terminé por concluir que son tres cosas las que me han llevado al fracaso constante.
He fracasado porque no tomo nada en serio, hago bromas todo el tiempo, me burlo de mi, de ti, de él y de todos los pronombres personales en primera, segunda, tercera y si hubiera cuarta también lo haría. Me burlo de los libros, de la escuela, de los maestros, de mis padres, de dios.
Fracaso porque le tomo cariño a todo y cuando las cosas pasan el cariño se convierte en nostalgia y la mayoría de las veces esa nostalgia en tristeza y añoranza (y qué difícil es deshacerse de la tristeza).
Y la tercera, la tercera...
Despertaba y lo primero que hacía era suspirar y sentir el hueco en el estomago, que cada día se hace mas grande. Creo que algún día será tan grande que me partiré a la mitad y andarán por un lado de la ciudad mis piernas y por el otro mi torso intentando encontrarse.
Ayer fue el segundo viernes de septiembre. Hay que hacer memoria para recordar que desde que tengo memoria no recuerdo un buen septiembre, que en este mes es mi cumpleaños y que desde hace mas de un lustro no tengo un cumpleaños feliz, sin contar que los dos últimos he tenido que asistir a funerales.
Septiembre siempre empieza triste y conforme avanza van llegando malas noticias para terminar mas triste aún. Este viernes no fue la excepción, recibí la mala noticia que sabía llegaría pero inocentemente no la esperaba. Todo lo que ha podido salir mal en los últimos meses ha pasado.
Estaba entonces en la cama, dando vueltas, intentando escuchar las manecillas del reloj, suspirando y aguantando las ganas de soltarme a llorar, otra vez, como siempre.
Comencé a pensar en los errores que había cometido en el ultimo mes, en el ultimo año y termine haciendo un recuento de los errores de toda una vida.
Terminé por concluir que son tres cosas las que me han llevado al fracaso constante.
He fracasado porque no tomo nada en serio, hago bromas todo el tiempo, me burlo de mi, de ti, de él y de todos los pronombres personales en primera, segunda, tercera y si hubiera cuarta también lo haría. Me burlo de los libros, de la escuela, de los maestros, de mis padres, de dios.
Fracaso porque le tomo cariño a todo y cuando las cosas pasan el cariño se convierte en nostalgia y la mayoría de las veces esa nostalgia en tristeza y añoranza (y qué difícil es deshacerse de la tristeza).
Y la tercera, la tercera...
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