Inundamos la casa
Parecía que el mundo no existía, íbamos de un lado al otro de la casa. Subíamos y bajábamos corriendo las escaleras cuando no nos encontrábamos.
Cuando no teníamos mas que hacer nos sentábamos en el techo de la casa a ver oscurecer, a romper botellas con piedras o a incendiar cualquier pedazo de papel con una lupa. No importaba nada y hablábamos de todo. Inundamos la sala, cocina, comedor, la casa entera con risas. Salíamos a caminar en los días con mas sol y en los días lluviosos permanecíamos frente a los ventanales de la sala, a veces, cuando la noche y el sueño llegaban nos recostábamos en la alfombra y ahí nos dormíamos hasta el día siguiente.
Aquel tiempo, el mejor. Cuando una corona de flores era lo mejor de la primavera. Un beso en la frente era suficiente para sentirte listo para volver a correr después de una caída.
Hoy seguimos inundando nuevas casas con nuestras risas, abrazos y alegría de vernos cada que podemos. Hoy el mundo sí nos hace daño y un beso en la frente muchas veces no ayuda de nada. Ya nadie teje coronas de flores ni disfruta ver el atardecer. Nuestro amor con el tiempo ha cambiado pero no ha desaparecido.
A pesar del tiempo, la escuela, el trabajo, el mundo en sí, una tarde juntos nos hace sentir como si fuéramos aquellos niños que inundaban la casa de los abuelos con felicidad.
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