La dificultad

No importaban las tardes encerrada en la biblioteca porque las disfrutaba, disfrutaba de los pasillos y sobre todo del último piso desde donde se podían ver todas las copas de los arboles.  Los días de verano llegaban pronto y adoraba usar vestidos y sobre todo, adoraba mis botas. Mientras las tardes se gastaban girando en el piso contemporáneamente y mi flequillo se atoraba con mis pestañas y aunque el cuerpo me dolía por tanto ejercicio la sonrisa me dolía también de llevarla todo el día.  Y poco a poco dejó de importarme si mi flequillo estaba bien recortado o si las agujetas de mis tenis estaban bien abrochadas, si mis camisas estaban planchadas o si mis uñas estaban llenas de blanco de españa después de salir de la clase de escultura. Ya nada importaba porque me sentía libre y feliz.  Fue en aquellos días que me di cuenta de lo poco que se necesitaba para ser feliz y de lo difícil que es deshacerse de todas esas cosas que creemos necesitar para conseguir la felicidad cuando ella está sepultada debajo de todo eso intentando sobrevivir.

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