Adolescencia tardía, adultez prematura.
Despierto y resulta que la fecha en mi celular me informa que llegamos a febrero y no me di cuenta en que momento enero pasó saludando para despedirse. Lo peor no es que se me haya ido el primer mes de este nuevo año, lo peor es que así se me van los años y no sé si mi vida va en velocidad aumentada o si va bien y yo soy quien está en cámara lenta.
Hace un par de semanas, mientras hablaba con Omar y le decía que no me gusta ser un adulto, me dijo que aún era adolescente y me dio un gran abrazo. Quisiera creerle, pero cuando comienzo a pensar las cosas, me siento tan lejana de la primera vez que me enamoré, la primera vez que fumé, incluso la primera vez que me emborraché o cuando lloré porque me cambié cinco veces de vestido y no me gustaba como me veía con él aunque no saldría de casa en todo el día. Me voy sintiendo tan lejana de todo eso y me voy sabiendo tan cercana a la monotonía de cada día, del levantarme a tomar café, a bañarme con las canciones que fueron nuevas hace varios años, a vestirme con lo menos arrugado que encuentre en el closet y a pasar el resto del día frente a la computadora, estudiando, trabajando o hablando con los amigos del trabajo, de lo mal que está el mundo y de lo rápido que se pasan los años que ahora tenemos canas y no lo podemos creer porque hasta ayer estábamos jugando videojuegos y comiendo en el piso de la sala, sin canas, sin arrugas y sin mas preocupación que encontrar un pretexto para decirle a mamá que no llegaríamos a casa.
Me preocupa envejecer pero cuando en realidad veo como ha pasado el tiempo sin avisarme, dejan de importarme las arrugas o la perdida de color en el cabello y comienzan a importarme las personas que aparecen y desaparecen a cada instante, los que permanecen un rato y se van, los que solo parecen llegar, dar la mano y desaparecer, y sobre todo, los que quiero que permanezcan hasta que mi tiempo deje de ser este. Me preocupa llegar a vieja y entristecer pensando que no hice nada bueno por nadie porque apenas tuve tiempo de asimilar que estaba viva, me preocupa llegar a vieja sin comprender quien era el que iba a destiempo, si el mundo o yo, aunque en el fondo tengo la respuesta.
Hace un par de semanas, mientras hablaba con Omar y le decía que no me gusta ser un adulto, me dijo que aún era adolescente y me dio un gran abrazo. Quisiera creerle, pero cuando comienzo a pensar las cosas, me siento tan lejana de la primera vez que me enamoré, la primera vez que fumé, incluso la primera vez que me emborraché o cuando lloré porque me cambié cinco veces de vestido y no me gustaba como me veía con él aunque no saldría de casa en todo el día. Me voy sintiendo tan lejana de todo eso y me voy sabiendo tan cercana a la monotonía de cada día, del levantarme a tomar café, a bañarme con las canciones que fueron nuevas hace varios años, a vestirme con lo menos arrugado que encuentre en el closet y a pasar el resto del día frente a la computadora, estudiando, trabajando o hablando con los amigos del trabajo, de lo mal que está el mundo y de lo rápido que se pasan los años que ahora tenemos canas y no lo podemos creer porque hasta ayer estábamos jugando videojuegos y comiendo en el piso de la sala, sin canas, sin arrugas y sin mas preocupación que encontrar un pretexto para decirle a mamá que no llegaríamos a casa.
Me preocupa envejecer pero cuando en realidad veo como ha pasado el tiempo sin avisarme, dejan de importarme las arrugas o la perdida de color en el cabello y comienzan a importarme las personas que aparecen y desaparecen a cada instante, los que permanecen un rato y se van, los que solo parecen llegar, dar la mano y desaparecer, y sobre todo, los que quiero que permanezcan hasta que mi tiempo deje de ser este. Me preocupa llegar a vieja y entristecer pensando que no hice nada bueno por nadie porque apenas tuve tiempo de asimilar que estaba viva, me preocupa llegar a vieja sin comprender quien era el que iba a destiempo, si el mundo o yo, aunque en el fondo tengo la respuesta.
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