Los idiotas
Eramos tan idiotas.
Eramos tan jóvenes.
Recorríamos largas distancias para llegar a algún lugar y comenzar a beber como si en unas horas no tuviéramos que regresar a casa, sin importar que tendríamos que aguantar los regaños de nuestros padres por llegar una vez mas, como lo dijera siempre mi madre, "así".
Se oscurecía y siempre pareció que entre mas peligroso fuera el lugar en donde estábamos mas tarde nos íbamos y mas ganas nos daban de caminar ebrios por las calles, para la próxima vez que nos viéramos reírnos y decir que no nos dimos cuenta del peligro que corríamos, ¡claro que lo sabíamos! y nos gustaba, nos sentíamos jóvenes, borrachos, felices ¿qué nos podía quitar la vida en ese momento?
No importaba si perdíamos una, dos, tres horas sentados en la banqueta, mirando pasar a la gente, cantando alguna canción, platicando de las cosas absurdas que solo a los que estamos en el limbo entre ser niños y ser adultos nos pasan.
Si llovía nos escondíamos bajo algún techo y nos acurrucabamos para no tener frío, si hacía calor andábamos descalzos por el pasto, hasta que alguna abeja me picara el pie.
Eramos tan jóvenes, bailábamos, cantábamos, reíamos, llorábamos, nos disfrazábamos, nos abrazábamos, nos queríamos sobre todo.
Nos volvemos a encontrar ahora que el limbo entre la infancia y la adultez desapareció aunque la madurez no haya terminado de llegar. Volvemos a reír como si los años no hubieran pasado, como si el tiempo no nos volviera a pesar, como si en el fondo no nos doliera saber que ahora nos despedimos porque sabremos que no habrá recuento de los daños en un par de días.
Somos los mismos idiotas, con unos años mas encima y un par de responsabilidades también.
Eramos tan jóvenes.
Recorríamos largas distancias para llegar a algún lugar y comenzar a beber como si en unas horas no tuviéramos que regresar a casa, sin importar que tendríamos que aguantar los regaños de nuestros padres por llegar una vez mas, como lo dijera siempre mi madre, "así".
Se oscurecía y siempre pareció que entre mas peligroso fuera el lugar en donde estábamos mas tarde nos íbamos y mas ganas nos daban de caminar ebrios por las calles, para la próxima vez que nos viéramos reírnos y decir que no nos dimos cuenta del peligro que corríamos, ¡claro que lo sabíamos! y nos gustaba, nos sentíamos jóvenes, borrachos, felices ¿qué nos podía quitar la vida en ese momento?
No importaba si perdíamos una, dos, tres horas sentados en la banqueta, mirando pasar a la gente, cantando alguna canción, platicando de las cosas absurdas que solo a los que estamos en el limbo entre ser niños y ser adultos nos pasan.
Si llovía nos escondíamos bajo algún techo y nos acurrucabamos para no tener frío, si hacía calor andábamos descalzos por el pasto, hasta que alguna abeja me picara el pie.
Eramos tan jóvenes, bailábamos, cantábamos, reíamos, llorábamos, nos disfrazábamos, nos abrazábamos, nos queríamos sobre todo.
Nos volvemos a encontrar ahora que el limbo entre la infancia y la adultez desapareció aunque la madurez no haya terminado de llegar. Volvemos a reír como si los años no hubieran pasado, como si el tiempo no nos volviera a pesar, como si en el fondo no nos doliera saber que ahora nos despedimos porque sabremos que no habrá recuento de los daños en un par de días.
Somos los mismos idiotas, con unos años mas encima y un par de responsabilidades también.
Comentarios
Publicar un comentario