Pensé

Recuerdo el día que decidiste marcharte, el día en que tu adiós me dejó ensordecida y me convertí en una estatua de arena a la mitad de aquel lugar.
Al principio, antes de terminar de escuchar la última palabra, pensé en pedirte que te quedaras un poco más,  pero me había prometido entenderte si en algún momento dejabas de quererme y escondí las ganas de abrazarte porque eran las mismas ganas de no fallarte y cumplir lo que me había prometido.
Guardé silencio y te dejé terminar de pronunciar aquella despedida, escuché cada una de tus razones, entendí cada uno de mis errores y lamenté ya no ser quien te hiciera suspirar desde hace varias noches. 
Te vi marcharte sin mirar atras, mientras sentía como el frío invadía mi cuerpo e iba alejando cada vez mas de aquel lugar hasta llegar al árbol fuera de mi casa. 
Y me quedé ahí hasta que tuve el valor de entrar y recogí los recuerdos de aquel día y los guardé en mis bolsas.
Pensé tantas cosas, sentía tantas cosas, pensé en que podía enojarme contigo, pensé en abrasar el coraje, la rabia y el odio por haberte marchado, ahogarme con rencor hacia ti y hacia aquel que me tenía enamorada. 
Pensé en escribirte con la peor pluma, en mencionar tu nombre con coraje, desprecio, llenarme la boca con maldiciones, romper cada uno de los recuerdos juntos, olvidar tu risa, tu llanto, tu mirada y borrarme tus besos.
Pensé en desaparecer tus fotos, borrar cada una de las letras que te había escrito, quemar aquellos papeles donde nos poníamos a escribir en clase. 
Pensé, no te engaño, con tanto coraje y remordimiento. 
Pero la verdad es que nada de aquello lo estaba sintiendo, a pesar de tu adiós, te amaba, te amé y todo el amor que siento por ti no me dejó mas que unas ganas enormes de abrazarte y desearte que fueras feliz, 

Comentarios

Entradas populares